viernes, 26 de septiembre de 2008

La gloria ¿a quién?

Muchas veces se nos olvida quién es el autor y sustentador de todo lo que existe. Autor de nuestra vida y de nuestros talentos. Autor y consumador de la fe: Cristo Jesús.

Llegamos a pensar que somos nosotros los que contamos y los que somos importantes. En verdad la sociedad, la cultura y esta era "posmodernista" nos bombardea con la idea de que el centro de todo somos nosotros y que, fuera de uno mismo, la importancia de otras personas y de cualquier otro ser (Dios mismo) es relativa porque, nada es más urgente que satisfacer las propias necesidades de placer y bienestar aquí y ahora.

Y así vamos por la vida, siendo el centro del universo, como raza humana y como seres individuales con lo que nos dedicamos a dar el primer lugar al hombre y rendirle homenaje y honra y gloria a uno mismo y a los admirados por uno.

Después de un tiempo, sentimos que todo lo podemos lograr por nuestros propios medios. De hecho, toda la industria de la "Autoayuda" nos empuja a creer que solos podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos. Lo triste es que hoy en día, muchas iglesias han tomado también esta "filosofía" y nos predican desde sus púlpitos que podemos ser lo que queramos ser. Que sólo es necesario creer y tener fe en uno mismo para lograr mover las fuerzas divinas y conseguir nuestros objetivos.

Nos convertimos en los protagonistas principales si no en los únicos y dejamos fuera a Jesús, a Dios, al Espíritu Santo; ya "no nos hacen falta".

Nos haría bien recordar de vez en vez algunas de las cosas que la Biblia dice respecto del hombre:


Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que en él pienses, O el hijo de hombre, para que lo estimes? (Salmos 144:3)

El hombre es semejante a la vanidad; Sus días son como la sombra que pasa. (Salmos 144:4)

Porque él conoce nuestra condición;
Se acuerda de que somos polvo.
El hombre, como la hierba son sus días;
Florece como la flor del campo,
Que pasó el viento por ella, y pereció,
Y su lugar no la conocerá más. (Salmos 103:14-16)

Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? (Romanos 9:20)


El protagonista, el autor verdadero no eres tu ni soy yo, es Dios. El autor de todo es Él. ¿Recuerdas?


Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. (Hebreos 2:10)

y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; (Hebreos 5:9)

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2)


Quiero dejarles con este pensamiento: Todo es acerca de Dios; el merece todo el crédito. El merece toda la honra y toda la gloria hoy y siempre.


Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. (1 Pedro 4:11)


Les comparto una canción de Marcos Vidal (la letra viene más abajo) que habla acerca de este tema. Escuchémosla y meditemos en 1 Pedro 4:11.






¿Qué sería de nosotros si no hubieras hecho el sol?
¿Qué sería de nosotros sin la luz o el calor?
Somos frágiles criaturas en Tu mundo sin igual
¿A dónde vamos si Tu mano no detiene el temporal?

Y aun así somos capaces de olvidarnos de Tu amor,
levantarnos con orgullo y sin razón.
Quiero darte con mi canto lo que pocos te dan hoy:
a Ti la gloria, solo a Ti el honor.

Somos tan inteligentes en nuestra propia opinión,
sin embargo tan pequeños ante Ti, oh Señor.
Ves nuestras limitaciones que nos hacen fracasar
y lentamente nos restauras
y haces que el sol vuelva a brillar

y aún aveces pretendemos en nuestra imaginación
ser el gran protagonista de la acción
ignorando Tu presencia, Tu cuidado y Tu amor
A Ti la gloria, solo A Ti el honor.

En mi propia vida veo la huella de Tu amor
que momento a momento me ha guiado, oh Señor.
No quisiera ser tan necio de olvidar el gran dolor
que sufriste por mi culpa ofreciéndome el perdón
y si alguna vez me alzase con soberbia y pretensión
intentando ser yo mismo el autor,
hazme ver tu cuerpo herido y avergüénzame Señor,
A Ti la gloria, solo A Ti el honor

Haznos ver Tu cuerpo herido y avergüénzanos Señor,
A Ti la gloria, solo A Ti el honor.


(Nosotros no vendemos los discos de Marcos Vidal, pero si estás interesado, puedes buscarlos en línea aquí.)

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